viernes, 3 de junio de 2022

EL MENSAJE

 Es largo y tedioso el tiempo transcurrido en el interior de una botella; ni el leve movimiento con el que la mecen las olas, ni los sobresaltos que el huracán provoca, hacen que la velocidad de transcurso del tiempo se acelere, varíe.

Cielo, superficie y fondo son los tres paisajes inmutables que se alternan según el giro que le impriman las corrientes, pero ninguno de ellos tiene matices apreciables que logren romper la monotonía de un tiempo encerrado en el mismo interior que se comparte, de un tiempo que, por invariable, impide la memoria, y arrastra en su inacción la imposibilidad de atisbar un futuro, ya no ansiado, ya no previsible, simplemente accesible. Es infinita la duración de un segundo que no es diferente a otro segundo, por más que en la desesperación de la monotonía se busque la manera de contarlos, de medirlos, de percibir la secuencia en la que debieran sucederse. La identidad los compacta, los funde, los convierte en una materia única sin posible medida o recuento.

Es largo, abrumador y tedioso el tiempo que, por no poder ser percibido, impide asomarse a la certeza de un origen, a su distancia, a la distancia que pueda separarnos de un destino al que aferrarse para huir de la monotonía del continuo que forma una sola ola sucediéndose a sí misma, encapsulando entre su cresta y su seno el tiempo, el espacio, la vida.

Es la voluntad inquebrantable de todo mensaje ser entregado, llegar a algunas manos que lo acojan, aunque esas manos no logren descifrar todo aquello que el destino ha puesto en su equipaje, todo aquello que ha sido la razón única de tan desesperanzado, desmesurado, inacabable viaje. Nada garantiza el Destino sobre la idoneidad del destinatario, sobre la utilidad del contenido, sobre la conveniencia de lo recibido. Nada compromete en la existencia que lo transmitido sea inteligible, íntegro, coherente, atendido.

Es vocación irrenunciable del mensaje, más aún cuando es mensaje y mensajero en un solo sino, servir la voluntad del remitente y, sin importar distancia, o peripecia, llegar a algún lugar, aunque en él no se le aguarde, no se le entienda, no se le aprecie. Nada en las estrellas marca la identidad del destinatario, nada en el viaje parece indicar la irrenunciabilidad de una llegada. Es precisamente la inconcreción de un final marcado y la finita posibilidad del tiempo, lo que hace inevitable que la entrega se produzca.

Parece largo y tedioso, inamovible e infinito, el tiempo transcurrido entre el nacimiento de la voluntad del remitente, y la entrega de su encargo, pero solo esos dos momentos, el nacimiento, la llegada, configuran el tiempo que puede computarse como vida, el tiempo de espera, solo es espera, un sueño de tiempo que se mueve sin que pueda percibirse el movimiento, una ensoñación de inmóvil discurrir en un lugar sin tiempo.

Ser mensaje es un destino largo, pero efímero; importante, pero inútil; esperanzador, sin fundamento; con un atisbo de divinidad en su misma futilidad; ser mensaje es casi, casi, casi, compartir la esencia de lo humano.

sábado, 19 de diciembre de 2020

La espera

 Se remueven sentimientos, ¿No es momento?

Te pregunto, me pregunto

No lo sabes

Me pregunto, te pregunto

No hay respuesta

Sin palabras nos movemos con torpeza

No sabemos lo que el tiempo nos depara

No sabemos ni siquiera si habrá tiempo

Todo queda en la bruma de una espera

Todo queda en decirnos con miradas

En callar lo que no puedo decirte

En buscar lo que callan tus palabras.

 

Miro en mi interior y hay movimiento

Miro en tu exterior, miro tu cara.

Tus manos parece que me buscan

En tus sonrisas adivino una llamada

Pero apenas llego a verme en tus miradas

Tan escasas, escondidas, tal vez cautas.

 

Se remueven sentimientos, ilusiones

Se agitan vocaciones, esperanzas

Me pregunto cada vez que tú me hablas

Y apenas callas mi pregunta sigue intacta

Tengo el tiempo que tengo en mi espera

Aun sabiendo que la espera se hará larga.

Se hará larga aunque sea de un momento

Se hará larga aunque fuera hasta mañana

 

Es difícil vivir la incertidumbre

Es difícil calmarse en la esperanza

Es difícil decirte sin palabras

Es difícil saber que no se nada.

sábado, 3 de octubre de 2020

La mala vuelta

Volverán los pasados más oscuros, los muertos que nunca combatieron, el hambre de la guerra de unos pocos, el odio de aquellos que perdieron, la soberbia de los falsos ganadores, la mentira mendaz que suplanta a las razones. Volverán los jinetes varias veces, arrasando a su paso el pensamiento. Volverá la muerte triunfadora, señora de una vida despreciada, asombrada de que la busquen con premura. Y el futuro no será, triste amargura, otra cosa que el terrible pasado que se augura.

sábado, 6 de junio de 2020

Amante marinero


Intenté, con picardía, acariciar tu cresta alborotada con el viento y se hizo espuma entre mis dedos. Quise entonces abrazarte y sentir tus formas en mi cuerpo, ceñirte hasta fundirnos, confundirnos, abarcarnos, y te hiciste olas en mis brazos. Intenté con ansia, con sed  de amante que transita en el desierto, y solo percibí la sal que se hacía costra entre mis labios. Esperé ola a ola tu llamada, para, sumergido entre tus aguas, captar tu cuerpo para amarme, para amarte, como amante, para devolver a mi cuerpo las ansias que la ausencia de tu cuerpo me creaba, y pasaron horas,  semanas, eones, tiempo de universos, creaciones, y solo conseguí que al llegar hasta mis pies me los mojaras, como una promesa de futuras ocasiones, como una incitación a un amor que no llegaba.

Te quise, te quiero, y queriéndote seguiré eternidades, sin poder acariciarte con caricias, sin poder abrazarte con abrazos, sin poderte besarte con mis labios, pero sumergido para siempre en la esperanza de que tu amor, de que mi amor, tomen cuerpo entre tus aguas.

Cabo de Gata, con poniente, 4 de junio del año del Covid-19

martes, 21 de abril de 2020

Soledades


Que solos se ven
los vivos ante el dolor.
Que solas las arboledas
Cuando calla el ruiseñor

Que solos están los hombres
Ante las camas vacías
Y cuando no tienen romeros
Que solas las romerías

Que solos los habitantes
De las ciudades erguidas
Cuanto más altas sus casas
Más solitarias sus vidas

Que soledad tan marchita
En la última amapola
Que ve marchitar las demás
Y ella se queda sola.

lunes, 20 de abril de 2020

La ventana pintada


Es extraño el mundo más allá de la ventana, ajeno, inconsistente su luz no compartida, que se contiene en un tapiz pegado a los cristales, y su profundidad no semeja mayor que el grosor de la tela en la que parece pintado.
Es un mundo paisaje que desconoce el movimiento, la luz que ilumine, la brisa que agite la ropa tendida en terrazas lejanas, que mueva las nubes, solo dispuestas en el cielo para romper su imposible monotonía, esparcidas estratégicamente para simular una realidad irrelevante.
Sus colores, sublimes, detonantes, solo posibles en un mundo muerto, son irrealmente brillantes, rezuman aroma de paleta y sensación de acuarela densa por falta de agua, de oleo sin mezclar. Tan diáfanos, tan reverberantes, que no permiten la mácula de la vida, la discontinuidad del movimiento.
Por eso, porque mi mundo no está ahí fuera, me aferro a la cordura de no preguntarme como sería la vida en ese exterior ficticio, inalcanzable, solo visitable desde un discurrir poético. Ya, casi, sumido en la realidad de cada día, ni me asomo a la ventana.

Almería, 21 de abril del 2020

jueves, 9 de abril de 2020

Cuando vuelvan nosotros


Volveremos de nuevo a las calles,
 y ya no serán las nuestras,
Ya no serán aquellas,
Aunque se llamen lo mismo,
y tengan las mismas tiendas,
Y lleguen a los mismos sitios
Y las paseen las mismas aceras.

Veremos de nuevo a la gente,
Los vecinos, los amigos,
Las caras que vimos siempre,
Y al cruzarse nuestros ojos,
Veremos que no son ellos.
Que con su misma apariencia,
Ya no será los mismos,
Los mismos que en otros tiempos.

Nuestro mundo será extraño,
El mismo mundo con huecos,
Con ausencias de personas
Que sin despedirse se fueron
Con ausencia de tantos días
Que sin vivirlos murieron.
Llevaremos prendidos adioses
Que no fueron ni hasta luego.

Faltará la libertad,
Que habremos pagado en miedo
Faltará la alegría,
Que habremos puesto a cubierto,
Miraremos a nuestras casas
Con el temor de los presos,
Pasearemos con el recelo
De que otra vez se oculte el cielo
Y por más que nos acerque el cuerpo,
Saludaremos siempre de lejos

Volveremos de nuevo a las calles,
A los bares, a los templos,
Volveremos a reunirnos,
A reírnos, a querernos,
Porque aún seremos nosotros,
Y lo querremos seguir siendo,
Pero en algún momento del día,
De la noche en cualquier momento
Miraremos hacia adentro,
Y en esos momento inciertos,
Pensaremos: “Hemos vuelto,
Pero ya no somos aquellos”

Pasados algunos años
Nos volverán estos días
Contados en forma de cuentos
Historias de los abuelos
Que les cuenten a sus nietos
Pero en ellos no habrá ogros
Ni princesas, ni habrá elfos,
Estarán llenos de virus
De pandemias y de muertos.


Almería a día 26 del mes 2 del encierro del año del coronavirus (09/04/2020)

lunes, 30 de diciembre de 2019

Singladura


De aires cargadas las velas,
Los remos henchidos de olas,
Refulge la Luna, riela,
Céfiro la empapa y la rola.

El cielo se enciende en fanales
Y el agua, moviéndose sola,
Va siguiendo pausada la estela
Que en su loco bullir reverbera.

Clavada la quilla en sus carnes,
La proa marcando certera
El pulso que aguanta el piloto.

Reprimen sus jarcias el vuelo
Que quiere emprender, y tremolan
Banderas que nadie contempla

Hay vientos que saltan contentos,
Ganados por proa,
Perdidos por popa.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Los tiempos de mi tiempo


Eran tiempos extraños los tiempos en los que se confundía mi tiempo.
Eran tiempos de mudanzas sin movimiento, de ideas sin pensamiento, de avance hacia un pasado ya hollado varias veces.
Eran tiempos fáciles de vivir sin implicarte, sin reconocerlos, criticando sin construir, destruyendo sin justificar, de cólera sin motivo.
Dicen que el tiempo es lineal y solo avanza en un sentido, pero si fijas la mirada su camino es circular y siempre ves pasar estaciones conocidas, remozadas, aparentemente cambiadas. Siempre con las mismas paredes, con las mismas ventanas, con las mismas puertas ciegas que parecen haber dado paso a las mismas personas desangeladas, sin alma ni seso, que pueblan el paisaje con sus siluetas sin profundidad, sin trastienda.
Dicen que el tiempo todo lo cura, pero las heridas no dejan de sangrar antes de que vuelvan a ser abiertas, antes de que un arma parecida vuelva a ahondar la herida no curada, la llaga aún infectada, a arrancar la costra fresca, apenas recién formada.
Dicen que el tiempo es la distancia pero no parecemos alejarnos de un decorado permanente, permanentemente repetido, siempre el mismo paisaje tras una ventanilla blindada, un hueco por el que mirar sin asomarse, sin implicarse, sin compartir el aire exterior, ni sus aromas, ni sus hedores, climas o ambientes. Todo acaba oliendo a cerrado, a viejo, a caduco renovado superficialmente. Cerrado el interior en el que vivimos, cerrado el exterior al que pretendemos mantener alejado, que ignoramos en un esfuerzo desesperado por mantener nuestro entorno confortable.
Dicen que el tiempo es infinito, como infinitos son la inmovilidad y el círculo, como infinita es la esfera, e infinita es la eternidad que lo contiene. Tan infinito que no pasa, que no avanza, que no se mueve.
Eran tiempos extraños los tiempos en los que transcurría mi tiempo. Tiempos de mudanza para los que creen que hoy pronto será pasado, para los que siempre esperan que mañana sea distinto de ayer, para los que viviendo en la esperanza esperan a un hoy que sea puerta del mañana, a un mañana que nunca sea hoy, que nunca haya sido ayer, que nunca llega.
Tiempos extraños, ayer, hoy, mañana, que se solapan sin llegar a ser, en ningún instante, ninguno de ellos, y en su querer ser nunca pasan.

domingo, 30 de junio de 2019

La mala noche


Cuando la luz que se venía empezó a teñir de plata el hilo que perfila en continuo el horizonte, hacía ya tiempo que el sueño me había abandonado. Una de esas noches teñidas de falso día, llenas de sueños que solo eran escenas imaginadas, llenas de pesadillas imposibles de diferenciar de instantes cotidianos. Sueños que te hacen desear con desesperación un amanecer capaz de separar la verdad de las verdades, la posibilidad real de las imposibilidades ensoñadas.
Devanando el infinito bucle, el recurrente revivir, de un instante en el que todo se dibuja con una falsa nitidez, con una firmeza sin vuelta atrás. La noche tocaba a su fin. Las sombras densas, ominosas, absorbentes, arrastraban, pegados a sus recovecos, los fantasmas de los ensueños desabridos. Ya no habría palabras calladas, gestos improbables, determinaciones sin retorno, en una constante revisión de lo no sucedido.
Incluso la sensación de calor insano, acumulado bajo la ropa de la cama, extrañamente adherido a la piel como una segunda envoltura de miasma insalubre, más imaginado que real, hace desapacible un dormir que en ningún momento consiguió ser sueño.
La pegajosa sensación de sudor frío, semiseco, semihúmedo, que marca la temperatura de la superficie en la que el cuerpo no consigue acomodarse, se encarama al sueño para completar un clima impertinente, desagradable, espeso, pantanoso.
Bruma en la mente, desazonado el cuerpo y un entorno febril, que impide que nada pueda ser despejado. Las horas son interminables, la aguja del minutero retiembla de impotencia cada vez que intenta avanzar un paso, sin darse cuenta de que aún no ha pasado, sin lograr apreciar que el presente, siempre efímero, se ha convertido en eterno, y el futuro, perplejo, se ha parado. Como en un discurrir obsesivo, en una suerte de apnea vital, se ha inmovilizado el espacio, se ha detenido el tiempo, y la normalidad busca desesperadamente una posibilidad para restituir el movimiento.
Cuando la luz, en la lejanía, empezó a colorear en rosas, en dorados, el borde imperfecto de una nube huérfana, hacía ya tiempo que, abandonado el sueño, pude considerar que podía empezar a enfrentar, con perspectiva, las obsesiones.
Posiblemente la luz, por más brillante que parezca, no contenga las respuestas, pero parece que no haya respuestas sin luz que las revele, sin claridad mental que las perciba, sin día para vivirlas ordenada, consecutiva, temporalmente.

jueves, 13 de junio de 2019

Encrucijada


Literalmente me encuentro, entre años bien dispares que no se someten a acuerdo. Mi cuerpo con más de sesenta, mi cabeza aun naciendo y el tiempo que me queda sin medida ni contento. Mi cabeza dice adelante, mi cuerpo ve con cuidado, mi futuro, que se encoge, ni dice, ni marca, ni espera, ni coarta ningún esfuerzo. Es un momento extraño en el que nada se impone, nada marca el paso, nada quiere esconderse, progresar o quedarse quieto. Visto de mi propia afuera me observo muy atento, me analizo y acabo perplejo. ¿No hay nada homogéneo? ¿nada que marque el ritmo de vivencias y proyectos? ¿nada que pueda explicarme cual es el ritmo correcto? En tanto en cuanto el cuerpo me aguante y la cabeza tenga gobierno todo aquello que yo haga será hacer lo que quiero.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Volar boca abajo


Son tantas las veces, tantas, que me han dicho no se puede, que se me hace imposible el recordarlo. Son tantas las veces, tantas, que incrédulo he tenido que escucharlo, no se puede. Son tantas las voces, tantas, que lo dicen, que es difícil ignorarlo. No se puede, es pecado. Y en tantas ocasiones, tantas, me he dado la vuelta a probarlo, obcecado. Si no se puede al menos lo he intentado.

No se puede pensar sobre nada libremente.
No se puede sentir si has de ser fuerte.
No se puede destacar humildemente.
No se puede decir sin recato lo que sientes.
No se puede errar impunemente.
No se puede ser en nada diferente.
No se puede amar y ser amante,
No se puede hacer siendo constante,
Ni se puede hacer siendo prudente.
No se puede, no se debe, no lo intentes.

Agobiado me he asomado a la ventana nuevamente, contemplando el vuelo de las aves, su ir y venir pausado a veces, y a veces alocado e imprudente, rozando los aleros con su sombra, evitándolos con quiebros arriesgados, apurados, recurrentes . Los pájaros son libres, he pensado, nadie les ha dicho no se puede. Como una nube que cubre el pensamiento ha surgido la duda en mi mente, me he fijado. Y se ha formado la pregunta inclemente ¿Los pájaros nunca han volado boca abajo, o nunca ninguno lo ha intentado? simplemente.


A Guarda, 31-08-2018

sábado, 25 de agosto de 2018

Caminos de Luz


Hay caminos que lucen con luz prestada, con luz rielada, con luz fundida con bronces y ocres sobre el agua. Hay caminos que lucen con luz interior, con luz proyectada, con luz propia y otros que brillan en la oscuridad más cerrada. Los hay visibles en todo su transcurso, otros en los que solo brillan sus extremos, e incluso los hay intermitentes. Los hay terrestres, sobre el agua, bajo el agua, en el aire y en medios menos comprensibles. Allí donde hay un hombre, donde posa su mirada, hay un camino, un cruce si hay dos, si hay tres al menos cuatro sendas enlazadas. Y donde haya un grupo, habrá de encontrarse una calzada.
No existe un hombre sin camino, ni hay camino que se oculte a una mirada. Y aunque el trazo se esconda, oscurecido por el tiempo no ocurrido, bastará un paso, una voluntad, un deseo para que surja, de las sombras su existencia ya iluminada.

jueves, 19 de julio de 2018

Sin Tiempo


Hubo un momento en el que pensé que el tiempo me había adelantado. Miré al futuro y todo me era conocido, Miré al pasado y todo lo había presentido.

Con la extraña sensación del tiempo comprimido, me giré para mirar hacia los lados. También allí el tiempo me enseñaba lo vivido, también allí los tiempos parecían confundidos.

Cerré los ojos, las manos, el oído, intentando con mi gesto colocar al tiempo en su trazado. Todo fue inútil, todo fue fallido, no lograba sentirme orientado. El tiempo saltaba sin sentido. Una escena que empezaba en el futuro parecía acabar en el pasado.

Súbitamente lo entendí, todo estaba claro. Hay lugares en los que el tiempo nunca ha transcurrido, hay estancias  en las que el tiempo nuca se ha iniciado, hay espacios en los que el tiempo nunca ha existido, niveles en los que el tiempo no puede, ni siquiera, ser nombrado.

sábado, 20 de enero de 2018

Duelo

He buscado las palabras con denuedo, con ahínco las lágrimas que faltan, he llamado al dolor que aún espero y en la espera me encuentro sin amparo. No sé qué esperar ni si esperarlo. No se sé que sentir ni si lo siento. No sé, al fin, nada del duelo y en el duelo me encuentro, aunque sea en un duelo sin lamentos. No encuentro barreras que lo frenen, ni encuentro cauces que lo expresen. No encuentro llanto, desgarro, sufrimiento, solo un dolor aún lejano. Me observo con cuidado, como ajeno, esperando, ¿Por qué?, un dolor que me lacere, un recuerdo en carne viva, descarnado, un sentimiento de pérdida, llagado. Y solo encuentro por doquier esta tristeza, este rememorar aún pasivo, esta añoranza que no se ha concretado, esta sensación de vendrá que no ha llegado.

He buscado las palabras con denuedo, con el mismo denuedo que busqué en mi interior el sentimiento. Ni el uno ni las otras son lo que espero y no sé si esperar, o esperanzado, comprender que comprendo en mi interior lo que mi mente comprender no ha logrado.

sábado, 25 de noviembre de 2017

La Ventana


Preguntan si se ha cerrado la ventana,
si su cierre ha sido permanente.
Me duelen la pregunta, la respuesta,
 y quiero pensar que no sea cierto
Ninguna ventana que se haya abierto
 se puede cerrar eternamente.
Se podrá cerrar con los postigos
E impedir a la luz que la atraviese
Se podrá cerrar con muros lamentables
Para evitar que nadie la contemple
Que se queden al otro lado los paisajes
Las miradas de antiguos personajes
Ávidos de vistas diferentes.
Pero mientras su hueco se abra en la memoria,
En los recuerdos de aquellos que asomados
Pudieron contemplar arrebatados
El transcurrir de la vida y de la historia
La ventana seguirá viva y transparente.

Cuestablanca 25-11-2017

Para una ventana a la poesía (Facebook) Y Mª Luisa García Aguilar

lunes, 18 de septiembre de 2017

Amantes en el río

Era en verano, era una tarde, tarde de estío. Lo sé porque el agua, en el río, se ofrecía con voz arrancada de las piedras de la orilla, con canto de agua vertida cascada a cascada. Lo sé porque el sol se deshilachaba en rayos de luz que el follaje aislaba y conducía hasta la tierra cubierta de hojas húmedas, amontonadas.
Era en verano y se bañaban en aquel entorno que ningún otro compartía. Solo el sol, solo el monte, solo el río contemplaban los cuerpos cubiertos con nada. Y un halo de vaho que los envolvía. Vaho de piel y calentura. Vaho de agua y de miradas. En el aire ningún ruido, el zumbido de un insecto, el canto de un pájaro en su nido, la risa cantarina de un hada que oculta en la espesura espiaba.
Era una tarde. Oblicuas las luminarias tejidas entre las ramas, oblicuas las miradas con que el sol se buscaba en el reflejo de su belleza sobre las aguas, que corriendo, que fluyendo, se las llevaba.
Dos cuerpos que no se ocultaban. Entraba uno y el otro lo acompañaba. Salía uno y el otro lo esperaba. Jugaban. Se buscaban. Se acariciaban sin que la caricia rozara. Al escondite sin ocultarse. A abrazarse con la mirada. A desearse sin cruzar palabras. Volaban los besos que no se daban. La pasión quemaba dentro del agua que refrescaba.
Era en verano, en invierno hubiera sido noche cerrada, cuando el sol mullía el horizonte para hacer su cama. Era tarde tardía, noche iluminada, cuando la pasión pudo más que el viento, más que el lugar en calma, más que la templanza ardiente que las gotas templadas les procuraban. Era tarde incierta, noche madrugada, cuando los cuerpos, rendidos de tanta espera, azuzados por tanta llama, se rendían y se entregaban, se enroscaban, se vertían, jadeaban.  Y sin apurar el tiempo, sin que el tiempo pasara, comenzaban de nuevo, y de nuevo se amaban.

Era verano, aún lo era. Era noche de luna alta. El sol dormía. El monte encendía estrellas que lo alumbraran, los árboles las sostenían, el agua, a tientas, se deslizaba por el camino que las orillas, medio dormidas, le susurraban. Los amantes abrazados, se alejaban, prendidos en besos, en suspiros y aún sin separarse ya se anhelaban.

sábado, 19 de agosto de 2017

El destino en un día

Amanece tras la montaña y al fondo del mar anochece. En la ladera del monte hay una fuente de agua clara y corriente que va haciendo río en su avance, barro en la tierra, hueco en la piedra, y al unirse a más fuentes, cauce que crece. En su camino se remansa a veces, otras salta, o se despeña, se enrosca su curso y cuando no puede avanzar retrocede, sin perder de vista la mar que se mece, que lo llama desde la orilla con su vaivén permanente,  con su sonido batiente, al tiempo que  enseña su seno y se lo ofrece. Yo nací junto a la fuente, Y he seguido el curso entero, caminante siempre al frente,  y aunque me haya alejado para conocer otros ríos, otros montes, otras fuentes, aunque haya vivido otros mares y caminado otros caminos y conocido a otras gentes, sé que muera donde muera, cuando me alcance la muerte, mi lecho final , mi mar, mi referente, estarán en esa orilla mirando al sol poniente que vieron por primera vez mis ojos junto a la fuente, abiertos cuando el sol amanece, cerrados, casi al tiempo, cuando el sol, ya cansado, apaga la luz y anochece.



domingo, 30 de julio de 2017

Jugando con el mar

Voy bordeando la orilla jugando con el mar al pilla, pilla, y se enfada a ratos porque no me alcanza formando gotas que el viento arrebata, ola sobre la roca, espuma y danza, y jugando las trae y me las lanza.

Sigo con mi paseo, ola tras ola, suena su canto que es poderoso. Aun así me asomo, lo llamo, casi me dejo alcanzar y corro, yo divertido, el burlado, y eso lo pone aún más furioso.

Arranca las algas del fondo, golpea la roca y la espuma, al batir la orilla, va cogiendo color de mantequilla, barco de mar que solo flota, color de furia y de pesadilla.

La niebla va llegando, la han reclamado las olas que se encrespan y el viento airado, y en su llegada va confundiendo las gotas que trae su seno y las que el aire guarda con mimo y celo, gotas cogidas al vuelo, gotas de mar salpicado. Las unas saben húmedo, las otras saben salado.

Es hora de recogerse, la luz se esconde. Es hora de guarecerse que el mar responde a la ceguera con osadía de olas que traspasan las fronteras con que la luz ceñía la costa al mar en su porfía. Las gotas de niebla van siendo lluvia. La luz del sol ya no se aprecia, pero el entorno relampaguea con luz tonante, radiante, que amenaza rayo en el horizonte que se hace más profundo según la niebla se aleja buscando al día.


El viento ya no es brisa, la luz a ratos, el mar embravecido grita mi nombre, desde el portal de casa aún se oye, desde la ventana lo veo entre sus olas pintado en ocres de atardecer tardío que el agua refleja y luego esconde. He corrido más que tú, pienso, y no se si entiende que el juego se acaba, al caer la noche.

jueves, 27 de julio de 2017

Quiero decirte

Quiero decirte, con palabras que me entiendas, con sentimiento medido, tantas cosas que en espera ha guardado mi boca, ha paladeado mi lengua, se han asomado a mis ojos curiosas por conocer a quien deben sus existencia. Tantas cosas tantas veces pensadas, tantas refrenadas con la excusa de que no era el momento, que no era.

Quiero decirte, ahora, ya por fin, con palabras medidas, con sentimiento vivo, cosas viejas, cosas nuevas, cosas que no tienen tiempo, ni sonido, ni siquiera.

Quiero decirte, hoy lo que ayer me he callado, lo que no ha encontrado su momento, lo que no lo ha tenido, lo que aún lo espera.

Quiero decirte, porque aún las tengo dentro, las palabras pensadas sin llegar a ser nunca pronunciadas, porque empujan, porque tienen vocación de ser oídas, porque tengo necesidad de volcarlas fuera.

Quiero decirte, como tantas veces, y con las palabras entregar el alma. Volcar lo más íntimo, lo oculto, lo ocultado y lo que nunca viste porque no has mirado o porque tus ojos no buscaban lo que te ofrecía mi entrega.


Quiero decirte, aunque tal vez ya sea tarde, con mis palabras más serenas, con mis palabras más claras y sinceras, que nunca será lo que no ha sido, pero queda por ser lo que nuestro deseo de vivirlo quiera.