Sentado en un banco junto a una mesa de madera -tal vez en
tiempos lo fuera-, recubierta de la mugre que limpieza tras limpieza se
arrastra transhumante buscando otra
grieta, otra astilla bajo la guarecerse hasta ser arrastrada nuevamente. La
cabeza gacha, mirando al suelo, mirando esa costra indefinida que podría relatarnos todo lo derramado,
arrastrado, desechado durante tanto tiempo como lleva la taberna abierta. Y en
la mano un jarro desportillado por el uso, adelgazado su barro por la erosión
de los vinos contenidos, sabio por confidente, silencioso por prudente, inquieto
en su permanente y discontinuo discurrir, siempre agarrado por la mano que lo
reclama, relleno de un vino turbio, turbio porque ya lo era o por los barros
que arranca de las inseguras paredes de la barrica que lo acuna hasta nacer,
del odre viajero que lo acompaña, de la jarra que lo recibe y escancia y del
jarro en el que trasegarlo en último término. “Vino –me escucho decir sin
apenas entenderme, alzando el jarro solidario con la mano-“. “Compañero –brindo
con el contenido- préstale a mi alma la turbia densidad que tienes cuando te
ingiero. Cálame, bébeme tu a mi hasta
agotarme y que mi alma se quede prendida en esta mesa, atrapada en la untuosa
capa que pretende ser madera, oculta en las grietas selladas por el tiempo
trastocado en extraña materia. Necesito morir, como ayer, como hace años.
Evitar que al salir el sol, al cerrar la venta, mi cadáver pretendidamente vivo
vuelva a deambular solo, amargo, turbio como tú eres, reclamando que se le
reconozca su esencia muerta, buscándola desesperadamente, sin acabar de hallar
una mano que acompase la vida y el destino”. Después lo apuro, con ansia, y sin acabarlo
empiezo a sentirme de nuevo sediento.
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domingo, 9 de septiembre de 2012
sábado, 1 de septiembre de 2012
Conjuro Para Una Queimada (03-2007)
Hermanos, amigos,
entes del bosque contiguo
Espíritus de las piedras,
espíritus de los antiguos,
Hadas, duendes y otros entes,
presencias e intuiciones.
Ya se ha prendido el fuego, del pote brota la llama
Esta noche en este momento del fuego surge la magia
Reclamemos a todos los mundos que desde lejanos confines
Desde los tiempos pasados o justo desde nuestro lado
Puedan ahora acudir porque el fuego los reclama
Unámonos todos hermanos en fraternal alianza
Y al amparo de la llama, hagamos todos un ruego
Con humildes y medidas palabras
Invoquemos sobre el fuego:
A su espíritu primero porque en el reside la luz
Es parte de la alianza, es calor y es el hogar
Y en sus entrañas cambiantes no solo esta la verdad
Esta también el amor y es símbolo de juventud.
A los seres que no vemos y tenemos alrededor
Aprovechad el momento y dando formas al fuego
Trasmitidnos vuestros miedos, transmitidnos vuestros ruegos
Para que siendo conscientes de ellos podamos serviros mejor.
Invoquemos también al amor,
Para que asomado a la llama
Nos acerque a quien nos ama
Y se expanda alrededor.
Invoquemos a la estrella del norte que es guía y referencia
Y a la bóveda celeste y a su camino estelar
Y a todos los peregrinos que siguiendo su presencia
Recorrieron su destino y encontraron su lugar
Y ahora esperemos hermanos
A que el fuego vaya mermando
Y cuando en esta bebida
Su esencia esté contenida...
Bebamos hermanos, bebamos
Brindemos por los seres humanos
Brindemos por la naturaleza
Por el amor, por la belleza
Que se pulan las aristas
Que el cincel talle con tino
Y que el tiempo, ese ladino,
Se emborrache y nos pierda de vista
lunes, 23 de julio de 2012
Cántico de Borrachera
Bebe
tú tus lagrimas
y
luego escánciame una copa.
Bebamos
hasta que se seque nuestra boca
y
nuestro aliento sea un vaho infecto.
Cantaremos
luego con voz ronca
los
cánticos que salgan de estos pechos,
y más
tarde, tumbados en los lechos,
vomitemos
los cantos y los llantos.
Bebe
tú tus lagrimas
y
luego escánciame una copa
que
si esta noche la muerte nos arropa
cantaremos
un cántico de adiós.
Y
una vez que llegue la mañana,
una
vez muertos y encontrados,
estarán
todos los cánticos cantados
y
no habrá ni una gota que beber.
Borracho
Te
encuentro a veces
acodado
en el limite de tu mundo,
paseando
sobre él tu mirada finitamente distante,
extrañamente
atenta a todo, sin fijarse en nada,
Un
poco mas allá del tiempo,
sumido
en un espacio que arrastras en tu movimiento
integrado
en un lugar porque tu lo has creado,
hablando
sin dirigirte a nadie, y sin hablarles,
solicitando
con el tono la respuesta de todos,
encaramado
a una consciencia intermitente,
envuelto
en una lucidez equivoca,
y
sin saberlo,
juzgando
a un mundo que ya te ha juzgado.
Un
día y otro día, solo la sombra los separa,
solo
la luz es distinta, sentado, apoyado en la barra.
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