lunes, 18 de septiembre de 2017

Amantes en el río

Era en verano, era una tarde, tarde de estío. Lo sé porque el agua, en el río, se ofrecía con voz arrancada de las piedras de la orilla, con canto de agua vertida cascada a cascada. Lo sé porque el sol se deshilachaba en rayos de luz que el follaje aislaba y conducía hasta la tierra cubierta de hojas húmedas, amontonadas.
Era en verano y se bañaban en aquel entorno que ningún otro compartía. Solo el sol, solo el monte, solo el río contemplaban los cuerpos cubiertos con nada. Y un halo de vaho que los envolvía. Vaho de piel y calentura. Vaho de agua y de miradas. En el aire ningún ruido, el zumbido de un insecto, el canto de un pájaro en su nido, la risa cantarina de un hada que oculta en la espesura espiaba.
Era una tarde. Oblicuas las luminarias tejidas entre las ramas, oblicuas las miradas con que el sol se buscaba en el reflejo de su belleza sobre las aguas, que corriendo, que fluyendo, se las llevaba.
Dos cuerpos que no se ocultaban. Entraba uno y el otro lo acompañaba. Salía uno y el otro lo esperaba. Jugaban. Se buscaban. Se acariciaban sin que la caricia rozara. Al escondite sin ocultarse. A abrazarse con la mirada. A desearse sin cruzar palabras. Volaban los besos que no se daban. La pasión quemaba dentro del agua que refrescaba.
Era en verano, en invierno hubiera sido noche cerrada, cuando el sol mullía el horizonte para hacer su cama. Era tarde tardía, noche iluminada, cuando la pasión pudo más que el viento, más que el lugar en calma, más que la templanza ardiente que las gotas templadas les procuraban. Era tarde incierta, noche madrugada, cuando los cuerpos, rendidos de tanta espera, azuzados por tanta llama, se rendían y se entregaban, se enroscaban, se vertían, jadeaban.  Y sin apurar el tiempo, sin que el tiempo pasara, comenzaban de nuevo, y de nuevo se amaban.

Era verano, aún lo era. Era noche de luna alta. El sol dormía. El monte encendía estrellas que lo alumbraran, los árboles las sostenían, el agua, a tientas, se deslizaba por el camino que las orillas, medio dormidas, le susurraban. Los amantes abrazados, se alejaban, prendidos en besos, en suspiros y aún sin separarse ya se anhelaban.

sábado, 19 de agosto de 2017

El destino en un día

Amanece tras la montaña y al fondo del mar anochece. En la ladera del monte hay una fuente de agua clara y corriente que va haciendo río en su avance, barro en la tierra, hueco en la piedra, y al unirse a más fuentes, cauce que crece. En su camino se remansa a veces, otras salta, o se despeña, se enrosca su curso y cuando no puede avanzar retrocede, sin perder de vista la mar que se mece, que lo llama desde la orilla con su vaivén permanente,  con su sonido batiente, al tiempo que  enseña su seno y se lo ofrece. Yo nací junto a la fuente, Y he seguido el curso entero, caminante siempre al frente,  y aunque me haya alejado para conocer otros ríos, otros montes, otras fuentes, aunque haya vivido otros mares y caminado otros caminos y conocido a otras gentes, sé que muera donde muera, cuando me alcance la muerte, mi lecho final , mi mar, mi referente, estarán en esa orilla mirando al sol poniente que vieron por primera vez mis ojos junto a la fuente, abiertos cuando el sol amanece, cerrados, casi al tiempo, cuando el sol, ya cansado, apaga la luz y anochece.



domingo, 30 de julio de 2017

Jugando con el mar

Voy bordeando la orilla jugando con el mar al pilla, pilla, y se enfada a ratos porque no me alcanza formando gotas que el viento arrebata, ola sobre la roca, espuma y danza, y jugando las trae y me las lanza.

Sigo con mi paseo, ola tras ola, suena su canto que es poderoso. Aun así me asomo, lo llamo, casi me dejo alcanzar y corro, yo divertido, el burlado, y eso lo pone aún más furioso.

Arranca las algas del fondo, golpea la roca y la espuma, al batir la orilla, va cogiendo color de mantequilla, barco de mar que solo flota, color de furia y de pesadilla.

La niebla va llegando, la han reclamado las olas que se encrespan y el viento airado, y en su llegada va confundiendo las gotas que trae su seno y las que el aire guarda con mimo y celo, gotas cogidas al vuelo, gotas de mar salpicado. Las unas saben húmedo, las otras saben salado.

Es hora de recogerse, la luz se esconde. Es hora de guarecerse que el mar responde a la ceguera con osadía de olas que traspasan las fronteras con que la luz ceñía la costa al mar en su porfía. Las gotas de niebla van siendo lluvia. La luz del sol ya no se aprecia, pero el entorno relampaguea con luz tonante, radiante, que amenaza rayo en el horizonte que se hace más profundo según la niebla se aleja buscando al día.


El viento ya no es brisa, la luz a ratos, el mar embravecido grita mi nombre, desde el portal de casa aún se oye, desde la ventana lo veo entre sus olas pintado en ocres de atardecer tardío que el agua refleja y luego esconde. He corrido más que tú, pienso, y no se si entiende que el juego se acaba, al caer la noche.

jueves, 27 de julio de 2017

Quiero decirte

Quiero decirte, con palabras que me entiendas, con sentimiento medido, tantas cosas que en espera ha guardado mi boca, ha paladeado mi lengua, se han asomado a mis ojos curiosas por conocer a quien deben sus existencia. Tantas cosas tantas veces pensadas, tantas refrenadas con la excusa de que no era el momento, que no era.

Quiero decirte, ahora, ya por fin, con palabras medidas, con sentimiento vivo, cosas viejas, cosas nuevas, cosas que no tienen tiempo, ni sonido, ni siquiera.

Quiero decirte, hoy lo que ayer me he callado, lo que no ha encontrado su momento, lo que no lo ha tenido, lo que aún lo espera.

Quiero decirte, porque aún las tengo dentro, las palabras pensadas sin llegar a ser nunca pronunciadas, porque empujan, porque tienen vocación de ser oídas, porque tengo necesidad de volcarlas fuera.

Quiero decirte, como tantas veces, y con las palabras entregar el alma. Volcar lo más íntimo, lo oculto, lo ocultado y lo que nunca viste porque no has mirado o porque tus ojos no buscaban lo que te ofrecía mi entrega.


Quiero decirte, aunque tal vez ya sea tarde, con mis palabras más serenas, con mis palabras más claras y sinceras, que nunca será lo que no ha sido, pero queda por ser lo que nuestro deseo de vivirlo quiera.

Momentos por vivir

Hay momentos por vivir
Sin medida y sin tino,
Sin pararte en si el destino
Será blanco, negro o gris.

Hay momentos por vivir
Que no buscan la memoria,
La trascendencia, la historia,
Ni siquiera pervivir

Hay momentos por vivir
En los que hay que lanzarse al vacío
Para evitar el hastío
En que vives sin sentir

Hay momentos por vivir
De no pararse en razones,
De volcar los corazones
Para lograr ser feliz

Hay momentos por vivir
En qué la vida no te espera,
En qué dudar te deja fuera,
En qué no vale decidir

Hay momentos por vivir
En qué la vida es abismo
Y que exigen de ti mismo
El querer sobrevivir

Hay momentos por vivir
En qué hay que apurar el instante
Sin llegar a preocuparte
De seguir o conseguir

Hay momentos por vivir
Como  se bebe una copa,
Llenando con ansia la boca
Hasta el mismísimo fin.

Hay momentos por vivir
Sin reparar en errores
Sin pararse en los temores
Haciendo de ese momento un fin

Hay momentos por vivir
Que sin llegar a ser son vida,
Son vivencia presentida,
Y son ansia de sentir.

Hay momentos por vivir
Que son ajenos al tiempo
Encarnados en sentimiento
Y actúan como elixir

Hay momentos por vivir.
Siempre quedan momentos
Risas, miedos, lamentos,
Palabras que se han de decir

Madrid/Brihuega 07-2017

martes, 28 de febrero de 2017

Más de un día

Hace tiempo que no escucho mis palabras, sumergido en las tuyas cotidianas. Hace tiempo que no miro hacia adentro sumido en el vértigo de la vida cada día. Hace tiempo que el fluir de las ideas refleja más al mundo que a mi mundo. Hace tiempo que yo mismo me he olvidado de sentarme y ensimismarme en mis paisajes. Hace tiempo, aunque no tanto. Hace tiempo, mucho tiempo, más de un día.



Cuesta Blanca, 28-02-2017

sábado, 24 de septiembre de 2016

Palabras derramadas

Mi sangre se derrama a través de las palabras,
Con los renglones torcidos y las letras alineadas
Con el color de la tinta y algo del sabor de mi alma
Mi sangre se derrama, la vierten mis palabras

Mi sangre se derrama, cuando escribo, en palabras,
Por cada palabra una herida, por cada línea una llaga,
Por cada letra escrita algo que en mi interior me desgarra
Y mi sangre, al escribirlas, se me escapa en las palabras.

A cada palabra escrita mi sangre se agita y mana
Y en el mismo acto, sin que sepa bien las causas,
Al escribir revivo y muero, al escribir me libero y sano,
Al escribir queda mi cuerpo en calma.

Y en el papel presa,  impresa, liberada, queda la pena
que, como sangre, se derrama con mis palabras