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lunes, 20 de abril de 2020

La ventana pintada


Es extraño el mundo más allá de la ventana, ajeno, inconsistente su luz no compartida, que se contiene en un tapiz pegado a los cristales, y su profundidad no semeja mayor que el grosor de la tela en la que parece pintado.
Es un mundo paisaje que desconoce el movimiento, la luz que ilumine, la brisa que agite la ropa tendida en terrazas lejanas, que mueva las nubes, solo dispuestas en el cielo para romper su imposible monotonía, esparcidas estratégicamente para simular una realidad irrelevante.
Sus colores, sublimes, detonantes, solo posibles en un mundo muerto, son irrealmente brillantes, rezuman aroma de paleta y sensación de acuarela densa por falta de agua, de oleo sin mezclar. Tan diáfanos, tan reverberantes, que no permiten la mácula de la vida, la discontinuidad del movimiento.
Por eso, porque mi mundo no está ahí fuera, me aferro a la cordura de no preguntarme como sería la vida en ese exterior ficticio, inalcanzable, solo visitable desde un discurrir poético. Ya, casi, sumido en la realidad de cada día, ni me asomo a la ventana.

Almería, 21 de abril del 2020

miércoles, 1 de abril de 2015

El abismo

Te quedas fijo, mirándome desde la distancia que tu niñez nos marca. Te quedas fijo, mirándome y me llamas José Luís, o Ángel, o Julio, o papá. Me llamas y yo te corrijo, no papá, soy tu hijo y entonces me vuelves a mirar fijamente, con esa media sonrisa tuya asomando bajo tu eterno bigote que tu decidido rejuvenecer ha hecho desaparecer de tu labio, con esa expresión tan tuya que significa "estás de coña" y preguntas:

- Entonces ¿tú quien eres?

- Soy tu hijo, papá- y me sigues mirando fijamente a través de la ventana verde gris que el tiempo usa para unir tu tiempo interior con el que los demás, incapaces de rejuvenecer contigo, incapaces de seguirte, nos armamos y te creemos enfermo

- Que tontería. ¿Como vas a ser mi hijo si eres más viejo que yo?

Y no te ríes porque nunca te has reido, porque en toda mi vida no recuerdo una carcajada tuya, algo que sea más que tu sonrisa entre socarrona y divertida, pero en el aire queda que no he conseguido engañarte. Que esta realidad mía tan coherente y universal no ha conseguido conmover a esa realidad tuya tan tuya y palpable, tan evidente que no necesita de ninguna prueba, que no adolece de ninguna fisura ni duda. 

Y ahí estamos, tu rejuveneciendo cada día que pasa y yo cada día que pasa más viejo, marcando una distancia que crece y que se nos va, a ambos de las manos. Un abismo que se va haciendo insondable.

martes, 4 de junio de 2013

Recuerda

Recuerda, en la pronunciación de la r se contenía toda la rabia del mensaje. Recuerda, parecía más un gesto, una acción intimidatoria, que una simple palabra. Inténtalo, parecía pasar de la agresión a la súplica, de la desesperación a la desesperanza. Pero el recuerdo no acudía, perdido en nebulosas de ensoñaciones, en personajes cuya ausencia suplantaba la presencia de los que tenía al lado, seguía aferrado a la irrealidad que irradiaba hacia la realidad ajena, hacia la necesidad cotidiana que el ya no sentía de aferrarse a la realidad compartida. Recuerda, la r ya vibraba mucho menos, apenas, haciéndose eco de la lejanía insuperable que hacía que la palabra no fuera más que un sonido, un deseo inasequible de cercanía y reconocimiento. 

Madrid, 05/06/2013