¿De dónde sale ese llanto tan profundo que inopinadamente te transforma? ¿Qué sentimiento te recorre y nos asalta desde tus ojos y nos vela sin reparos el entendimiento, la voluntad, la capacidad de acomodarnos a tu estado?, ¿Qué tremenda congoja te brota del alma y sale a nuestro encuentro por tus ojos, por tu cara transfigurada en máscara de dolor insoportable, por tu cuerpo todo convulso, entregado sin reparos, sin juicios, sin concesiones al sentimiento obsceno del sufrimiento indoloro?
Dudo, cuando te veo llorar de esa forma, de cuál puede ser el origen de tal caudal de sentimiento, de qué edad tiene el que llora, de cuál es el motivo último del llanto.
Nunca estoy preparado para recibir el impacto, siempre me pilla con la guardia baja, y con la guardia baja dudo si correr a guarecerme, si correr a consolarte, si correr sin más a la espera de que escampe. No sé en esos duros momentos –que duro es ver llorar a tu padre como a un niño, como a un viejo, como a un enfermo- si acercarme a ti como lo que soy, tu hijo, como lo que tú me crees, tu hermano, o simplemente como alguien que daría todo lo que tiene por saber qué te pasa y encontrar un remedio que previamente sabe que no existe.
No se papa, nadie en realidad lo sabe, si lloras porque al recordar te emocionas, si lloras porque no consigues recordar o lloras porque comprendes por un momento que alguien te está escamoteando tu vida, tu tiempo, tu memoria. No lo sé, papá, nadie lo sabe, pero lo que si se es que cuando te veo llorar lo haces con mis lágrimas, lo haces con el dolor que siento, lo haces con el tremendo temor que como hombre siento ante tú indefensión que un día podría ser la mía. Y me niego a llorar antes de tiempo.
viernes, 29 de mayo de 2015
viernes, 1 de mayo de 2015
La Batalla
Cuantos muertos más ha de
cobrarse la batalla antes de decantarse
y dejar en los hombres su patética memoria. De dejar en el perdedor la amargura
de sentirse humillado, lacerado tratado injustamente por el destino y por los
dioses, de dejar en el vencedor la equívoca sensación de poder reclamar,
imponer, su verdad por su victoria
La sangre que empapa ya la
arcilla, las conciencias, las espadas, vertida sin desmayo por los cuerpos, por
las armas, por los dioses sedientos e insaciables, manchará por generaciones a
las tierras y a los hombres, a la razón
y a la memoria.
No importa con cuantos mantos
temporales intente cubrir su vergüenza la montaña donde los muertos se
acumulan. No importan los libros que la ensalcen, ni con cuantas florituras se
cuenten las hazañas. En realidad no importa ni siquiera el dolor de las
heridas, las vidas perdidas, la infamia que provocó la matanza. ¿Podrá el
vencedor pasados los años, los siglos, los tiempos venideros, reclamar la razón
de su victoria? ¿Podrá en algún momento el vencido olvidar su necesidad de una revancha,
de una venganza, de otra derrota?
Lo único importante, el único
legado que ha de persistir en la memoria es: ¿Cómo fuimos capaces? Y para eso no
habrá respuestas inocentes, no habrá héroes que lo mantengan, no habrá
discursos que borren la nefanda, la inhumana, la lacerante memoria del primer
muerto, la insufrible imagen de los campos anegados por la sangre, los
desgarradores gritos de victoria, los escalofriantes lamentos de agonía, el
silencio vengativo de los perdedores.
miércoles, 1 de abril de 2015
Horas Previas
No todo el camino esta trazado, ni todos los que por el
discurren son peregrinos
No todas las palabras tienen sentido, ni todos los que
hablan consiguen decir algo
Solo el discurrir interior, el examen profundo del alma
propia pueden contener el trayecto, el mensaje, la palabra que pronunciada consigue
la catarsis, la mutación espiritual que hace del discurrir el objetivo, del
caminante el peregrino.
Iniciada entonces la tarea se acompasan el cuerpo y el alma
y no hay ya paso sin avance, ni perfeccionamiento sin paraje.
El abismo
Te quedas fijo, mirándome desde la distancia que tu niñez nos marca. Te quedas fijo, mirándome y me llamas José Luís, o Ángel, o Julio, o papá. Me llamas y yo te corrijo, no papá, soy tu hijo y entonces me vuelves a mirar fijamente, con esa media sonrisa tuya asomando bajo tu eterno bigote que tu decidido rejuvenecer ha hecho desaparecer de tu labio, con esa expresión tan tuya que significa "estás de coña" y preguntas:
- Entonces ¿tú quien eres?
- Soy tu hijo, papá- y me sigues mirando fijamente a través de la ventana verde gris que el tiempo usa para unir tu tiempo interior con el que los demás, incapaces de rejuvenecer contigo, incapaces de seguirte, nos armamos y te creemos enfermo
- Que tontería. ¿Como vas a ser mi hijo si eres más viejo que yo?
Y no te ríes porque nunca te has reido, porque en toda mi vida no recuerdo una carcajada tuya, algo que sea más que tu sonrisa entre socarrona y divertida, pero en el aire queda que no he conseguido engañarte. Que esta realidad mía tan coherente y universal no ha conseguido conmover a esa realidad tuya tan tuya y palpable, tan evidente que no necesita de ninguna prueba, que no adolece de ninguna fisura ni duda.
Y ahí estamos, tu rejuveneciendo cada día que pasa y yo cada día que pasa más viejo, marcando una distancia que crece y que se nos va, a ambos de las manos. Un abismo que se va haciendo insondable.
jueves, 19 de marzo de 2015
A Veces Se Hace Tarde
Cuanto añoro ahora las palabras
que en otro tiempo no escuchaba, no oía. Cuanto añoro las historias mal
contadas, repetidas, que no quisieron quedarse en mi memoria. Cuanto anhelo que
pudieras, ahora, ya tarde, convertir tus balbuceos, tus inconexas expresiones,
en aquellos relatos que en tiempos me hicieron impacientarme e incluso distraer
mi atención en otras cosas aún más vanas. Cuanto daría ahora por recordar
contigo, contadas por ti, tus historia del colegio, tus correrías con tu
pandilla, las del servicio militar que ahora trastocas diciendo que tú fuiste
comandante en una cabriola chusca de tu memoria. Papá, cuéntame, aunque solo
sea por una vez, aunque te salga trabucada, trastocada, profundamente inconexa,
aquella historia que tanto te gustaba.
Viejecito, encogido, inseguro,
inconexo, maltratado por el tiempo, a mi lado, te escucho ahora con paciencia,
con la necesidad de entenderte, con la firme consciencia de que a veces se hace
tarde.
domingo, 25 de enero de 2015
Tiempo electoral
Balad, balad hermanos, con las
papeletas en las manos.
Elegid, elegid con esmero quién
os quitará el dinero.
Bailad, bailad los triunfos de
los que os van a despojar.
Y después de cuatro años,
volveremos, volveremos a empezar. (Si nos dejan).
viernes, 2 de enero de 2015
Hoy Lloro
Hoy lloro con desconsuelo, con llanto sordo y convulsivo. Hoy lloro porque la pena me atenaza y llorar es la única salida. Hoy lloro por los niños que mueren de madurez, por las magias que dejan ver su truco, por la sordidez de una sociedad con los valores retorcidos, inane, inerte, inerme ante el continuo empuje de un modelo infrahumano. Hoy lloro con la pena intacta porque aún soy capaz de saber por qué lloro. Hoy lloro porque no sé si mañana mi llanto tendrá argumento por la permanente dejación de la inocencia. Hoy lloro porque llorar aplaca el llanto aunque no cicatrice las heridas. Hoy lloro porque el mundo se empeña en dejar atrás, de lado, escondido, lo único que puede salvarlo de sí mismo, la inocencia del niño, la ilusión de la magia, la fe en su propio camino.
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