miércoles, 1 de abril de 2015

Horas Previas

No todo el camino esta trazado, ni todos los que por el discurren son peregrinos
No todas las palabras tienen sentido, ni todos los que hablan consiguen decir algo
Solo el discurrir interior, el examen profundo del alma propia pueden contener el trayecto, el mensaje, la palabra que pronunciada consigue la catarsis, la mutación espiritual que hace del discurrir el objetivo, del caminante el peregrino.

Iniciada entonces la tarea se acompasan el cuerpo y el alma y no hay ya paso sin avance, ni perfeccionamiento sin paraje. 

El abismo

Te quedas fijo, mirándome desde la distancia que tu niñez nos marca. Te quedas fijo, mirándome y me llamas José Luís, o Ángel, o Julio, o papá. Me llamas y yo te corrijo, no papá, soy tu hijo y entonces me vuelves a mirar fijamente, con esa media sonrisa tuya asomando bajo tu eterno bigote que tu decidido rejuvenecer ha hecho desaparecer de tu labio, con esa expresión tan tuya que significa "estás de coña" y preguntas:

- Entonces ¿tú quien eres?

- Soy tu hijo, papá- y me sigues mirando fijamente a través de la ventana verde gris que el tiempo usa para unir tu tiempo interior con el que los demás, incapaces de rejuvenecer contigo, incapaces de seguirte, nos armamos y te creemos enfermo

- Que tontería. ¿Como vas a ser mi hijo si eres más viejo que yo?

Y no te ríes porque nunca te has reido, porque en toda mi vida no recuerdo una carcajada tuya, algo que sea más que tu sonrisa entre socarrona y divertida, pero en el aire queda que no he conseguido engañarte. Que esta realidad mía tan coherente y universal no ha conseguido conmover a esa realidad tuya tan tuya y palpable, tan evidente que no necesita de ninguna prueba, que no adolece de ninguna fisura ni duda. 

Y ahí estamos, tu rejuveneciendo cada día que pasa y yo cada día que pasa más viejo, marcando una distancia que crece y que se nos va, a ambos de las manos. Un abismo que se va haciendo insondable.

jueves, 19 de marzo de 2015

A Veces Se Hace Tarde

Cuanto añoro ahora las palabras que en otro tiempo no escuchaba, no oía. Cuanto añoro las historias mal contadas, repetidas, que no quisieron quedarse en mi memoria. Cuanto anhelo que pudieras, ahora, ya tarde, convertir tus balbuceos, tus inconexas expresiones, en aquellos relatos que en tiempos me hicieron impacientarme e incluso distraer mi atención en otras cosas aún más vanas. Cuanto daría ahora por recordar contigo, contadas por ti, tus historia del colegio, tus correrías con tu pandilla, las del servicio militar que ahora trastocas diciendo que tú fuiste comandante en una cabriola chusca de tu memoria. Papá, cuéntame, aunque solo sea por una vez, aunque te salga trabucada, trastocada, profundamente inconexa, aquella historia que tanto te gustaba.

Viejecito, encogido, inseguro, inconexo, maltratado por el tiempo, a mi lado, te escucho ahora con paciencia, con la necesidad de entenderte, con la firme consciencia de que a veces se hace tarde.

domingo, 25 de enero de 2015

Tiempo electoral

Balad, balad hermanos, con las papeletas en las manos.
Elegid, elegid con esmero quién os quitará el dinero.
Bailad, bailad los triunfos de los que os van a despojar.

Y después de cuatro años, volveremos, volveremos a empezar. (Si nos dejan).

viernes, 2 de enero de 2015

Hoy Lloro

Hoy lloro con desconsuelo, con llanto sordo y convulsivo. Hoy lloro porque la pena me atenaza y llorar es la única salida. Hoy lloro por los niños que mueren de madurez, por las magias que dejan ver su truco, por la sordidez de una sociedad con los valores retorcidos, inane, inerte, inerme ante el continuo empuje de un modelo infrahumano. Hoy lloro con la pena intacta porque aún soy capaz de saber por qué lloro. Hoy lloro porque no sé si mañana mi llanto tendrá argumento por la permanente dejación de la inocencia. Hoy lloro porque llorar aplaca el llanto aunque no cicatrice las heridas. Hoy lloro porque el mundo se empeña en dejar atrás, de lado, escondido, lo único que puede salvarlo de sí mismo, la inocencia del niño, la ilusión de la magia, la fe en su propio camino.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Impalpable

Puede que mi alma sangre lo que mi cuerpo no es capaz de verter, que llore con las lágrimas que en mis ojos se han secado y padezca el dolor que me habría desmayado. Puede que mi alma sufra todo aquello que el cuerpo no pueda soportar en su endeblez impaciente. Puede ser porque algo me duele, lo sé, lo siento, y no consigo encontrar el punto exacto del sufrimiento. Me duele el dolor de la injusticia y no lo palpo, me duele el dolor del abandono y no lo encuentro, me duele la miseria y no la siento,  me duele la mentira permanente y sigo viviendo. Puede ser, pudiera, que mi alma esté muriendo sin que mi cuerpo lo sepa.



Almería 1 de noviembre del 2014

Tránsito

Alguna luna será la última en que mis ojos se recreen, alguno de sus rayos enredado con mi alma marcará el camino que ha de conducirme a nuevas realidades. Lo recorreré con el miedo que la insegura seguridad de perdurar en la existencia me proporciona, con el vértigo infinito que traspasar los abismos de un instante nos depara.

Espero que en ese momento, volviendo la cara que tal vez no tenga, pueda contemplar en mi interior, que tal vez no exista, la infinita, la eterna realidad de una única existencia. Quiero creer que será entonces, aunque sea por un instante, efímeramente, cuando pueda comprender, abarcar, existir y sentirme eterno. Y, plenamente satisfecho, nacer a la vida sin demora.