lunes, 30 de diciembre de 2019

Singladura


De aires cargadas las velas,
Los remos henchidos de olas,
Refulge la Luna, riela,
Céfiro la empapa y la rola.

El cielo se enciende en fanales
Y el agua, moviéndose sola,
Va siguiendo pausada la estela
Que en su loco bullir reverbera.

Clavada la quilla en sus carnes,
La proa marcando certera
El pulso que aguanta el piloto.

Reprimen sus jarcias el vuelo
Que quiere emprender, y tremolan
Banderas que nadie contempla

Hay vientos que saltan contentos,
Ganados por proa,
Perdidos por popa.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Los tiempos de mi tiempo


Eran tiempos extraños los tiempos en los que se confundía mi tiempo.
Eran tiempos de mudanzas sin movimiento, de ideas sin pensamiento, de avance hacia un pasado ya hollado varias veces.
Eran tiempos fáciles de vivir sin implicarte, sin reconocerlos, criticando sin construir, destruyendo sin justificar, de cólera sin motivo.
Dicen que el tiempo es lineal y solo avanza en un sentido, pero si fijas la mirada su camino es circular y siempre ves pasar estaciones conocidas, remozadas, aparentemente cambiadas. Siempre con las mismas paredes, con las mismas ventanas, con las mismas puertas ciegas que parecen haber dado paso a las mismas personas desangeladas, sin alma ni seso, que pueblan el paisaje con sus siluetas sin profundidad, sin trastienda.
Dicen que el tiempo todo lo cura, pero las heridas no dejan de sangrar antes de que vuelvan a ser abiertas, antes de que un arma parecida vuelva a ahondar la herida no curada, la llaga aún infectada, a arrancar la costra fresca, apenas recién formada.
Dicen que el tiempo es la distancia pero no parecemos alejarnos de un decorado permanente, permanentemente repetido, siempre el mismo paisaje tras una ventanilla blindada, un hueco por el que mirar sin asomarse, sin implicarse, sin compartir el aire exterior, ni sus aromas, ni sus hedores, climas o ambientes. Todo acaba oliendo a cerrado, a viejo, a caduco renovado superficialmente. Cerrado el interior en el que vivimos, cerrado el exterior al que pretendemos mantener alejado, que ignoramos en un esfuerzo desesperado por mantener nuestro entorno confortable.
Dicen que el tiempo es infinito, como infinitos son la inmovilidad y el círculo, como infinita es la esfera, e infinita es la eternidad que lo contiene. Tan infinito que no pasa, que no avanza, que no se mueve.
Eran tiempos extraños los tiempos en los que transcurría mi tiempo. Tiempos de mudanza para los que creen que hoy pronto será pasado, para los que siempre esperan que mañana sea distinto de ayer, para los que viviendo en la esperanza esperan a un hoy que sea puerta del mañana, a un mañana que nunca sea hoy, que nunca haya sido ayer, que nunca llega.
Tiempos extraños, ayer, hoy, mañana, que se solapan sin llegar a ser, en ningún instante, ninguno de ellos, y en su querer ser nunca pasan.

domingo, 30 de junio de 2019

La mala noche


Cuando la luz que se venía empezó a teñir de plata el hilo que perfila en continuo el horizonte, hacía ya tiempo que el sueño me había abandonado. Una de esas noches teñidas de falso día, llenas de sueños que solo eran escenas imaginadas, llenas de pesadillas imposibles de diferenciar de instantes cotidianos. Sueños que te hacen desear con desesperación un amanecer capaz de separar la verdad de las verdades, la posibilidad real de las imposibilidades ensoñadas.
Devanando el infinito bucle, el recurrente revivir, de un instante en el que todo se dibuja con una falsa nitidez, con una firmeza sin vuelta atrás. La noche tocaba a su fin. Las sombras densas, ominosas, absorbentes, arrastraban, pegados a sus recovecos, los fantasmas de los ensueños desabridos. Ya no habría palabras calladas, gestos improbables, determinaciones sin retorno, en una constante revisión de lo no sucedido.
Incluso la sensación de calor insano, acumulado bajo la ropa de la cama, extrañamente adherido a la piel como una segunda envoltura de miasma insalubre, más imaginado que real, hace desapacible un dormir que en ningún momento consiguió ser sueño.
La pegajosa sensación de sudor frío, semiseco, semihúmedo, que marca la temperatura de la superficie en la que el cuerpo no consigue acomodarse, se encarama al sueño para completar un clima impertinente, desagradable, espeso, pantanoso.
Bruma en la mente, desazonado el cuerpo y un entorno febril, que impide que nada pueda ser despejado. Las horas son interminables, la aguja del minutero retiembla de impotencia cada vez que intenta avanzar un paso, sin darse cuenta de que aún no ha pasado, sin lograr apreciar que el presente, siempre efímero, se ha convertido en eterno, y el futuro, perplejo, se ha parado. Como en un discurrir obsesivo, en una suerte de apnea vital, se ha inmovilizado el espacio, se ha detenido el tiempo, y la normalidad busca desesperadamente una posibilidad para restituir el movimiento.
Cuando la luz, en la lejanía, empezó a colorear en rosas, en dorados, el borde imperfecto de una nube huérfana, hacía ya tiempo que, abandonado el sueño, pude considerar que podía empezar a enfrentar, con perspectiva, las obsesiones.
Posiblemente la luz, por más brillante que parezca, no contenga las respuestas, pero parece que no haya respuestas sin luz que las revele, sin claridad mental que las perciba, sin día para vivirlas ordenada, consecutiva, temporalmente.

jueves, 13 de junio de 2019

Encrucijada


Literalmente me encuentro, entre años bien dispares que no se someten a acuerdo. Mi cuerpo con más de sesenta, mi cabeza aun naciendo y el tiempo que me queda sin medida ni contento. Mi cabeza dice adelante, mi cuerpo ve con cuidado, mi futuro, que se encoge, ni dice, ni marca, ni espera, ni coarta ningún esfuerzo. Es un momento extraño en el que nada se impone, nada marca el paso, nada quiere esconderse, progresar o quedarse quieto. Visto de mi propia afuera me observo muy atento, me analizo y acabo perplejo. ¿No hay nada homogéneo? ¿nada que marque el ritmo de vivencias y proyectos? ¿nada que pueda explicarme cual es el ritmo correcto? En tanto en cuanto el cuerpo me aguante y la cabeza tenga gobierno todo aquello que yo haga será hacer lo que quiero.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Volar boca abajo


Son tantas las veces, tantas, que me han dicho no se puede, que se me hace imposible el recordarlo. Son tantas las veces, tantas, que incrédulo he tenido que escucharlo, no se puede. Son tantas las voces, tantas, que lo dicen, que es difícil ignorarlo. No se puede, es pecado. Y en tantas ocasiones, tantas, me he dado la vuelta a probarlo, obcecado. Si no se puede al menos lo he intentado.

No se puede pensar sobre nada libremente.
No se puede sentir si has de ser fuerte.
No se puede destacar humildemente.
No se puede decir sin recato lo que sientes.
No se puede errar impunemente.
No se puede ser en nada diferente.
No se puede amar y ser amante,
No se puede hacer siendo constante,
Ni se puede hacer siendo prudente.
No se puede, no se debe, no lo intentes.

Agobiado me he asomado a la ventana nuevamente, contemplando el vuelo de las aves, su ir y venir pausado a veces, y a veces alocado e imprudente, rozando los aleros con su sombra, evitándolos con quiebros arriesgados, apurados, recurrentes . Los pájaros son libres, he pensado, nadie les ha dicho no se puede. Como una nube que cubre el pensamiento ha surgido la duda en mi mente, me he fijado. Y se ha formado la pregunta inclemente ¿Los pájaros nunca han volado boca abajo, o nunca ninguno lo ha intentado? simplemente.


A Guarda, 31-08-2018

sábado, 25 de agosto de 2018

Caminos de Luz


Hay caminos que lucen con luz prestada, con luz rielada, con luz fundida con bronces y ocres sobre el agua. Hay caminos que lucen con luz interior, con luz proyectada, con luz propia y otros que brillan en la oscuridad más cerrada. Los hay visibles en todo su transcurso, otros en los que solo brillan sus extremos, e incluso los hay intermitentes. Los hay terrestres, sobre el agua, bajo el agua, en el aire y en medios menos comprensibles. Allí donde hay un hombre, donde posa su mirada, hay un camino, un cruce si hay dos, si hay tres al menos cuatro sendas enlazadas. Y donde haya un grupo, habrá de encontrarse una calzada.
No existe un hombre sin camino, ni hay camino que se oculte a una mirada. Y aunque el trazo se esconda, oscurecido por el tiempo no ocurrido, bastará un paso, una voluntad, un deseo para que surja, de las sombras su existencia ya iluminada.

jueves, 19 de julio de 2018

Sin Tiempo


Hubo un momento en el que pensé que el tiempo me había adelantado. Miré al futuro y todo me era conocido, Miré al pasado y todo lo había presentido.

Con la extraña sensación del tiempo comprimido, me giré para mirar hacia los lados. También allí el tiempo me enseñaba lo vivido, también allí los tiempos parecían confundidos.

Cerré los ojos, las manos, el oído, intentando con mi gesto colocar al tiempo en su trazado. Todo fue inútil, todo fue fallido, no lograba sentirme orientado. El tiempo saltaba sin sentido. Una escena que empezaba en el futuro parecía acabar en el pasado.

Súbitamente lo entendí, todo estaba claro. Hay lugares en los que el tiempo nunca ha transcurrido, hay estancias  en las que el tiempo nuca se ha iniciado, hay espacios en los que el tiempo nunca ha existido, niveles en los que el tiempo no puede, ni siquiera, ser nombrado.