Literalmente me encuentro, entre
años bien dispares que no se someten a acuerdo. Mi cuerpo con más de sesenta,
mi cabeza aun naciendo y el tiempo que me queda sin medida ni contento. Mi cabeza
dice adelante, mi cuerpo ve con cuidado, mi futuro, que se encoge, ni dice, ni
marca, ni espera, ni coarta ningún esfuerzo. Es un momento extraño en el que
nada se impone, nada marca el paso, nada quiere esconderse, progresar o
quedarse quieto. Visto de mi propia afuera me observo muy atento, me analizo y
acabo perplejo. ¿No hay nada homogéneo? ¿nada que marque el ritmo de vivencias
y proyectos? ¿nada que pueda explicarme cual es el ritmo correcto? En tanto en
cuanto el cuerpo me aguante y la cabeza tenga gobierno todo aquello que yo haga
será hacer lo que quiero.
jueves, 13 de junio de 2019
lunes, 3 de septiembre de 2018
Volar boca abajo
Son tantas las veces, tantas, que me han dicho no se puede,
que se me hace imposible el recordarlo. Son tantas las veces, tantas, que
incrédulo he tenido que escucharlo, no se puede. Son tantas las voces, tantas,
que lo dicen, que es difícil ignorarlo. No se puede, es pecado. Y en tantas
ocasiones, tantas, me he dado la vuelta a probarlo, obcecado. Si no se puede al
menos lo he intentado.
No se puede pensar sobre nada libremente.
No se puede sentir si has de ser fuerte.
No se puede destacar humildemente.
No se puede decir sin recato lo que sientes.
No se puede errar impunemente.
No se puede ser en nada diferente.
No se puede amar y ser amante,
No se puede hacer siendo constante,
Ni se puede hacer siendo prudente.
No se puede, no se debe, no lo intentes.
Agobiado me he asomado a la ventana nuevamente, contemplando
el vuelo de las aves, su ir y venir pausado a veces, y a veces alocado e
imprudente, rozando los aleros con su sombra, evitándolos con quiebros
arriesgados, apurados, recurrentes . Los pájaros son libres, he pensado, nadie
les ha dicho no se puede. Como una nube que cubre el pensamiento ha surgido la
duda en mi mente, me he fijado. Y se ha formado la pregunta inclemente ¿Los
pájaros nunca han volado boca abajo, o nunca ninguno lo ha intentado? simplemente.
A Guarda, 31-08-2018
sábado, 25 de agosto de 2018
Caminos de Luz
Hay caminos que lucen con luz prestada, con luz rielada, con
luz fundida con bronces y ocres sobre el agua. Hay caminos que lucen con luz
interior, con luz proyectada, con luz propia y otros que brillan en la
oscuridad más cerrada. Los hay visibles en todo su transcurso, otros en los que
solo brillan sus extremos, e incluso los hay intermitentes. Los hay terrestres,
sobre el agua, bajo el agua, en el aire y en medios menos comprensibles. Allí
donde hay un hombre, donde posa su mirada, hay un camino, un cruce si hay dos,
si hay tres al menos cuatro sendas enlazadas. Y donde haya un grupo, habrá de
encontrarse una calzada.
No existe un hombre sin camino, ni hay camino que se oculte
a una mirada. Y aunque el trazo se esconda, oscurecido por el tiempo no ocurrido,
bastará un paso, una voluntad, un deseo para que surja, de las sombras su
existencia ya iluminada.
jueves, 19 de julio de 2018
Sin Tiempo
Hubo un momento en el que pensé que el tiempo me
había adelantado. Miré al futuro y todo me era conocido, Miré al pasado y todo
lo había presentido.
Con la extraña sensación del tiempo comprimido, me
giré para mirar hacia los lados. También allí el tiempo me enseñaba lo vivido,
también allí los tiempos parecían confundidos.
Cerré los ojos, las manos, el oído, intentando con
mi gesto colocar al tiempo en su trazado. Todo fue inútil, todo fue fallido, no
lograba sentirme orientado. El tiempo saltaba sin sentido. Una escena que
empezaba en el futuro parecía acabar en el pasado.
Súbitamente lo entendí, todo estaba claro. Hay
lugares en los que el tiempo nunca ha transcurrido, hay estancias en las que el tiempo nuca se ha iniciado, hay
espacios en los que el tiempo nunca ha existido, niveles en los que el tiempo
no puede, ni siquiera, ser nombrado.
sábado, 20 de enero de 2018
Duelo
He buscado las palabras con denuedo, con ahínco las lágrimas
que faltan, he llamado al dolor que aún espero y en la espera me encuentro sin
amparo. No sé qué esperar ni si esperarlo. No se sé que sentir ni si lo siento.
No sé, al fin, nada del duelo y en el duelo me encuentro, aunque sea en un
duelo sin lamentos. No encuentro barreras que lo frenen, ni encuentro cauces
que lo expresen. No encuentro llanto, desgarro, sufrimiento, solo un dolor aún
lejano. Me observo con cuidado, como ajeno, esperando, ¿Por qué?, un dolor que
me lacere, un recuerdo en carne viva, descarnado, un sentimiento de pérdida,
llagado. Y solo encuentro por doquier esta tristeza, este rememorar aún pasivo,
esta añoranza que no se ha concretado, esta sensación de vendrá que no ha llegado.
He buscado las palabras con denuedo, con el mismo denuedo
que busqué en mi interior el sentimiento. Ni el uno ni las otras son lo que
espero y no sé si esperar, o esperanzado, comprender que comprendo en mi
interior lo que mi mente comprender no ha logrado.
sábado, 25 de noviembre de 2017
La Ventana
Preguntan si se ha cerrado la ventana,
si su cierre ha sido permanente.
Me duelen la pregunta, la respuesta,
y quiero pensar que
no sea cierto
Ninguna ventana que se haya abierto
se puede cerrar
eternamente.
Se podrá cerrar con los postigos
E impedir a la luz que la atraviese
Se podrá cerrar con muros lamentables
Para evitar que nadie la contemple
Que se queden al otro lado los paisajes
Las miradas de antiguos personajes
Ávidos de vistas diferentes.
Pero mientras su hueco se abra en la memoria,
En los recuerdos de aquellos que asomados
Pudieron contemplar arrebatados
El transcurrir de la vida y de la historia
La ventana seguirá viva y transparente.
Cuestablanca
25-11-2017
Para una ventana a la
poesía (Facebook) Y Mª Luisa García Aguilar
lunes, 18 de septiembre de 2017
Amantes en el río
Era en verano, era una tarde,
tarde de estío. Lo sé porque el agua, en el río, se ofrecía con voz arrancada
de las piedras de la orilla, con canto de agua vertida cascada a cascada. Lo sé
porque el sol se deshilachaba en rayos de luz que el follaje aislaba y conducía
hasta la tierra cubierta de hojas húmedas, amontonadas.
Era en verano y se bañaban en
aquel entorno que ningún otro compartía. Solo el sol, solo el monte, solo el
río contemplaban los cuerpos cubiertos con nada. Y un halo de vaho que los
envolvía. Vaho de piel y calentura. Vaho de agua y de miradas. En el aire
ningún ruido, el zumbido de un insecto, el canto de un pájaro en su nido, la
risa cantarina de un hada que oculta en la espesura espiaba.
Era una tarde. Oblicuas las
luminarias tejidas entre las ramas, oblicuas las miradas con que el sol se buscaba
en el reflejo de su belleza sobre las aguas, que corriendo, que fluyendo, se las llevaba.
Dos cuerpos que no se ocultaban.
Entraba uno y el otro lo acompañaba. Salía uno y el otro lo esperaba. Jugaban.
Se buscaban. Se acariciaban sin que la caricia rozara. Al escondite sin
ocultarse. A abrazarse con la mirada. A desearse sin cruzar palabras. Volaban
los besos que no se daban. La pasión quemaba dentro del agua que refrescaba.
Era en verano, en invierno
hubiera sido noche cerrada, cuando el sol mullía el horizonte para hacer su cama.
Era tarde tardía, noche iluminada, cuando la pasión pudo más que el viento, más
que el lugar en calma, más que la templanza ardiente que las gotas templadas
les procuraban. Era tarde incierta, noche madrugada, cuando los cuerpos, rendidos
de tanta espera, azuzados por tanta llama, se rendían y se entregaban, se
enroscaban, se vertían, jadeaban. Y sin apurar
el tiempo, sin que el tiempo pasara, comenzaban de nuevo, y de nuevo se amaban.
Era verano, aún lo era. Era noche
de luna alta. El sol dormía. El monte encendía estrellas que lo alumbraran, los
árboles las sostenían, el agua, a tientas, se deslizaba por el camino que las
orillas, medio dormidas, le susurraban. Los amantes abrazados, se alejaban,
prendidos en besos, en suspiros y aún sin separarse ya se anhelaban.
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